
El frío cambia de parecer, el jardín hace ecos de rutina entre el silencio.
La voz quebrada, el cigarrillo presuroso, el vislumbre del cristal
hacen que tú difumines la sombra, que desprendas tus lazos.
no debemos crucificar más el vacío, dejar que se pose con sus alas en la hierba
así entiendo que el miedo es corrosivo, la sangre estalla en el cielo
como candilejas que invitan a reconstruir, debo asumir lo que venga.
No esperar más, dejar que seas, dejar-me ser.
Cada enseñanza es un limbo que descansa en la adrenalina
ya no puedo ser más la niña, aunque siempre guardo sus lagrimitas en mi velador.
Dejo que cada palabra, cada discurso nuevo me penetre con fuerza
me retroalimento del amor, de las conversaciones, ante ellas cambio
la mirada, renuevo los pestañeos, me reconforto en el abismo.
Preciso es acariciar los años nuevos como los viejos y desprenderse cual serpiente
enroscada y humilde en el libre albedrío del ocaso.


