miércoles, 28 de abril de 2010



El collar de tu flagelo.

Las ansias de cruzar la calle hacia tu vereda
nutrían los días
recuerdo el invierno
de la pasión universitaria
los destellos de ocio en el pasto
de la mirada perdida en las copas verdes

Tirada, fumando, borracha
con los cuadernos cargados
con la sonrisa centellante
de los besos, de las risas,
de esperar que llegaras.

Con dulzura, acaricio la primera herida
el primer látigo que marca la fisura
en ese músculo rojo.

El primer eclipse de Afrodita
que destrozó mi cordura
por el engaño,
que volvió los pechos tristes
celosos

Oigo a los años colgados en los ojos
toco sus párpados
huelo la brisa de este mar
y descanso en la arena melosa
de la experiencia.

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