
El collar de tu flagelo.
Las ansias de cruzar la calle hacia tu vereda
nutrían los días
recuerdo el invierno
de la pasión universitaria
los destellos de ocio en el pasto
de la mirada perdida en las copas verdes
Tirada, fumando, borracha
con los cuadernos cargados
con la sonrisa centellante
de los besos, de las risas,
de esperar que llegaras.
Con dulzura, acaricio la primera herida
el primer látigo que marca la fisura
en ese músculo rojo.
El primer eclipse de Afrodita
que destrozó mi cordura
por el engaño,
que volvió los pechos tristes
celosos
Oigo a los años colgados en los ojos
toco sus párpados
huelo la brisa de este mar
y descanso en la arena melosa
de la experiencia.

Que poder de síntesis de una vida más encantador...
ResponderEliminarHabía olvidado que hay heridas que resultan una dulzura.
gracias! qué linda!
ResponderEliminarHola, me gusta tu blog, pero
ResponderEliminarcuando lo actualizaras?